Preludio del Adios

07 noviembre 2007


La noche sin nubes no esconde sorpresas. Sin embargo, algo le atraviesa el pecho. Hay caras que son vidriadas. Sinceras hasta el suicidio. Ella camina hundiendo sus pasos en barro, y llegar es partir.

Él espera con su café. Lo revuelve, aunque sabe que no hay nada para disolver. Acomoda el atado de cigarrillos, escarba el programa de su celular, como si fuera a encontrar una nueva y mágica función. Todo el espectáculo de la ventana le pasa desapercibido. Cambia las llaves de lugar, le pide un diario al mozo y fijamente observa el reloj de la pared. El segundero no avanza más que a pasos cortos, como indeciso.

Cuando abre la puerta, siente el calor del bar en su rostro. Por un instante, ansió no encontrarlo, para seguir su huída. Ve la mesa, y encuentra todas las pertenencias de él prolijamente acomodadas, como un muestrario de exposición. Las llaves del auto, el celular, el atado de cigarrillos, el encendedor dorado que tanto detesta. Y él. Siente que algo le enerva la espalda y aprieta los dientes hasta sentir el dolor en los maxilares. Ataja su sonrisa y le devuelve el frío que trae consigo.

Se alegra de la llegada. Pero el pecho le insinúa que algo no está bien. Quizás la mirada que huye a la suya, o tal vez la ropa. Duda. Habrá pasado algo afuera?, se pregunta. Mira por la vidriera del bar y todo está como cuando se sentó. Se acomoda en su silla sabiendo que se aproxima el momento de atajar una andanada de golpes en una habitación a oscuras.

Adiós Roberto...


Me senté al lado de la ventana. Como siempre. Abrí un diario que nunca compraría y esperé al mozo. Serían las 11 de la noche, día de semana, no recuerdo cual. Pedí un café y un vaso de soda. Nunca se me ocurren muchas actividades cuando tengo que matar el tiempo. Era eso o sentarme en la plaza. Pocas mesas estaban ocupadas, y el bar languidecía entre la poca luz y el escaso movimiento.
A mis espaldas, también junto a la ventana, se sentó una pareja con intenciones de charlar como se charla en algunos cafés, esquivando los nubarrones de una ruptura.
No vi sus rostros, pero los imaginé a la perfección. Ella era Daniela, adivino. Él nunca la nombró así, pero los diminutivos giraban en torno a Daniela. Dani, Danu, Danucha. Todos dichos en un estado de ruego e intercalados en cada frase. Él era Roberto. De la boca de Daniela nunca salió de otro modo. Daniela cuidaba que cada oración que expresaba, fuera lo suficientemente aséptica, tajante y sin ambages para el oído de él. Roberto discurrió su charla en cataratas de miel, en apelaciones a pasados virtuosos, instantáneas que pedían a gritos eternidad y pasiones apagadas por sabe dios qué conflicto.
No pude atrapar el nudo del drama, pero entendí en la primer respuesta que estaba asistiendo al desenlace que tanto temía Roberto. Parado frente a la alacena, corría de una punta a la otra abarajando platos, tazas y pocillos que ella, verbalmente, le tiraba al suelo.

Me abstraje por un instante. La voz de Daniela no era fuerte, ni siquiera sonaba enojada. Era una transmisión en directo desde el polo sur, y juraría que su aliento era helado, gélido. Sin dudas, tenía esa monotonía vocal que le adjudicamos a los robots de películas, pero era la temida voz de una mujer decidida. La voz que ningún hombre desea oír.

Cuando volví mi atención a la conversación ajena, sentí como Daniela comenzaba a apartarse de la mesa. El chirrido de su silla, las imploraciones de él, las disculpas de ella y su voz más lejana. La puerta que despide a alguien y deja entrar un leve viento. El silencio de Roberto que sabía que todos, involuntariamente, eramos partícipes de su nuevo estado.
Me levanté con la atención de no mirar a la cara a ese hombre. Preferí dejarlo sin rostro en mi memoria. El mozo se acercó, y me cobró al paso. Cuando buscaba la salida, oí como comenzaba su terapia de rehabilitación Roberto. Pidió algo fuerte y sin hielo, y le tiró canchero al mozo: -. Esta se piensa que es la única mina del mundo...
Uno más que tiene un futuro de recaídas crónicas.

Paciencia

21 octubre 2007


Hoy es el llamado a los gritos. A todas las resignaciones pasadas.
No quiero esperar que la lluvia la gaste. Que una ola la arrase o que el viento la esparza.
La impaciencia mastica cada nervio. El domingo amplifica el vacío.
Sin saber, sospecho. Del indicio a la sentencia, mil veces en mil instantes.
Será el llamado de la fascinación? El equívoco de las palabras huecas?
Las frases sueltas que sirven de soga, hoy sostienen. Mañana ahogan.

Toda una noche soñando hoy, cincelando el fantasma que no deja dormir. Rasgo por rasgo, aroma por aroma. El Frankenstein de una mente que se resigna a ser pasado. Arma y diseña. Desea.
Entre la dulce declinación y el ensordecedor pedido. Sólo un segundo toma decir adiós.

Siempre Entendí


El péndulo de la resignación y la rebelión nunca se detuvo.
De la euforia de vivir a escondidas la historia que nunca podría publicar, a llorar ahogada el diario de todas las mañanas. El vaivén siempre presente.
Llenando la bolsa de ilusiones y juramentos. Caminando por veredas separadas, alimentándose de guiños, destellos y cenando la amargura de lo imposible.
Cada día más cerca de nada.
A la luz, los escombros que apenas dan refugio, y el alma bañada de rocío.
Cada amanecer le roba el manto con el que sueña despertar, y me aleja.

Sufro esa piel. Y le imploro memoria.

El Envoltorio

20 octubre 2007


Que sea como debe ser. Un apagón de intenciones. Un corte de suministro de entusiasmo. Una escasez de sorpresa que haga explotar el mercado.
Tal vez deba asistir a la temida extinción de una llama que nunca quise avivar y me aterra que se apague.
El fondo sigue esquivo. El brusco descenso no sorprende ni se detiene. Es vivir con el pecho inflado por el airbag, antes del choque que quizás nunca se produzca. Adrenalina por nada. Catarata de silencios enlazados, juramentos que aseguran el próximo instante y abren el precipicio luego.
Juro que las vísceras se estremecen, que la sangre corre rápido como nunca. Te aseguro que quiero todo, pero desecharía la mitad. Sos el mejor envoltorio que me podría haber regalado el tiempo, pero es inevitable que te abra. Que te prometa que voy a envolverme en vos y sólo cubra mi cadera. Así será. Un orgasmo de culpa inundará el cuadro, y todo se diluirá.

Éxito & Mujeres

22 agosto 2007


Dalmiro Sáenz dijo una vez que las mujeres eran boludas porque no caían en la cuenta de que los hombres hacen todo para conquistarlas. Más concretamente, no se refería a la capacidad de hacer todo por una mujer en particular, sino que ese "todo" era dirigido a la totalidad de las mujeres. Mujeres sin cara, anónimas, que el protagonista aún no conoce y espera conocer. Mujeres que él conoce de todos los días y mujeres que le "pertenecen" a otros pero ese éxito lo pondrá bajo el reflector y a su consideración.
Neil Amstrong pisó la luna, Alejandro Magno forjó un imperio y San Martín cruzó la cordillera, pero además de los motivos más visibles, seguro había otro, escondido y subyacente. Era para competir con otros hombres? No. Los hombres competimos en otro plano, no directamente. Y una medida para competir es, justamente, el éxito con las mujeres...
Ahora bien, conducir un ejército victorioso, manejar un F1 o llegar a la cima del mundo empresarial suele impresionar al común del mundo femenino. Sin ir tan lejos, un auto con el mágico perfume 0 KM también surte efectos de hechizo. Pero qué hacer cuando esa mujer, y no otra, no se inmuta con logros y éxitos? Qué pasa cuando le hacen llover laureles sobre sus hombros, y la tipa se los quita con el revés de la mano, como quien se saca un cabello caído?
Qué difícil, pero que atrapante es tratar de entender el dilema.
Mi único y gran amigo Machín, una noche me decía que la fórmula que hasta el día de hoy le ha asegurado un 100 por ciento de efectividad, es la espera. Lograr algo, no importa que, y esperar a ver quien se acerca.
-No es de hombres contar y promocionar sus logros, comenta él. No tenés que hacer de héroe y de agente de prensa a la vez, se entiende? Porque desmerecés el logro si lo publicitás... -Comprendo, le digo, es como dar limosna pero no decirlo, no?
-No zapato!, me gritó Machín. El centro de la jugada es que los demás te hagan prensa y vos lo minimices, ahora la cazás?
-Perfecto. Nunca me quedó algo tan claro. Pero una vez que llegaste a donde querías, cómo lográs conservar lo que ganaste? -Eso es un misterio Negro. Nadie lo sabe, y me han contado que del otro bando, tampoco tienen mucha idea...
-Ah. eso es tranquilizador, le dije.
Después seguimos charlando de lo maravillosas que son las mujeres inteligentes, y de por qué no se puso de moda el campari con tónica.

Alas y Ramas

14 agosto 2007


*Después de una larga caída, accidentada, apareció una rama asomándose. Fue estirar la mano y sujetarse. Las heridas del recorrido vertiginoso hacia abajo, esperaron. El último aliento fue para asirse del árbol. Postergar el choque inevitable.
Esperaba que desplegara alas, y llevara lejos todo lo negro que acumuló en muchos calendarios. Pero era simplemente una rama, de un árbol que hundió muy profundo sus raíces. Inmóvil, añoso.

*Esperó años. Marchitó su vida, consumió su apariencia. Desdibujó sus virtudes y hundió una belleza rara en la paleta más abundante de grises. Pegó su mentón al pecho y apagó la mirada. Cuando quiso abrir el pecho y gritar hacia arriba, encontró el agudo sonido interior. El grito más silencioso, el mismo que la despertaba ahogada noche tras noche.

*Hundió paso a paso su caminar en la arena. No importaban las huellas. No había atrás, era norte, noche, pasado y la garganta con temblor. Un futuro sin caídas y alas que ya no confundiría con ramas. Volar hacia adentro, hacia lo profundo.

Musical Berreta (e imaginario)


Me da una secreta e inconfesable envidia, la alegría de película musical. Esa gente bonita que se dice cosas cantando, moviéndose al ritmo de una canción que nadie puso ni toca, y seguidos coreográficamente por todos sus amigos que hacen coros y aseveran lo que dicen los protagonistas.
Bailan arriba del techo de un auto, saltan ágilmente hacia una baranda y giran del poste de un semáforo que da todos los colores al mismo tiempo. Un tiempo que se detiene porque alguien que no vemos, paró los relojes de la vida nada más que para que una pareja le diga al mundo "Aquí hay amor". Los peatones paran y se sonríen. Los conductores sacan sus cabezas por las ventanillas y acompañan la escena. Una vecina se asoma por el balcón y oficia de testigo, cantando una estrofa. Un policía de tránsito pierde la compostura, y se acopla a los pasos de baile. Una jubilada arroja su bastón y ensaya unas piruetas de circo. Tres minutos de felicidad eterna y garantizada.

Termina la canción, la pareja se mira largamente y todo se diluye a su alrededor. Los coches hacen sonar sus bocinas estruendosamente, el policía comienza a levantar infracciones y la vecina del balcón riega las plantas, mojando a los peatones que, sorprendidos, miran hacia arriba y la insultan. Las amigas de la chica se van porque las esperan sus novios. Los amigos del muchachito se van al bar y se lo quieren llevar, insinuándole que su actitud es de dominado. La anciana del bastón le pega a uno de los pibes que casi la desparrama en la vereda.

Tal vez sea sordo, quizás insensible, pero hoy tengo ganas. En algún lugar debe estar sonando la canción de mi propio musical. Será cuestión de afinar la sintonía, y dejar de negarse. Digo...

Cuando el Sol

06 junio 2007


No sé como llegamos hasta aquí. Lo sospecho, pero no lo puedo explicar. Porque las palabras las usamos pero explicar otros arribos, otras llegadas a paisajes tan tristes como éste, pero... cuando gastamos las frases, quemamos un perdón sobre otro y persistimos en desenrrollar más promesas, los sentidos se empapan de nuestra propia anestesia. El tacto se me adormeció. Perdí la encantadora fascinación de sospechar tu aroma y, cuánto más creés que el tiempo se va a dejar torcer el brazo?.

Después de dejar todas las luces encendidas, todas las señales, luego de lanzar la última bengala para que se la trague el mar de la oscuridad más negra, se acostó. Se acostó justo cuando una bandada de gorriones ya cantaban cerca de la ventana, que le traslucía un par de rayos del día.

Poniendo a trabajar con fuerza esta mente, no recuerdo días en los que el corazón no quisiera parar. Días en los que no deseara que el viento amontonara lejos toda la sucesión de amables excusas que siempre nos dijimos para no llegar al precipicio. Y méritos para caer no nos faltan, ni ahorramos siquiera el cinismo para disfrazar la culpa como destino.

En apenas unos instantes, saltó de la cama. Encendió el fuego y atento buscaba oír el silbido de la pava. Cuando estuvo listo el mate, ya todos los sonidos del día inundaban la cocina. Los engranajes comenzaron a rodar, y sin querer, ya estaba en marcha la sucesión de hechos que sin duda, lo depositarían en el punto de partida. Como todas las noches. Como todos los días.


Militante del Amor (Breves Momentos de Duda)

04 junio 2007


Para mi amigo, el tema se ha convertido en cuestión de vida o muerte. Me dijo que sentía que tenía algo dentro de él que gobernaba su comportamiento. Como esto pinta para largo, comienzo a imaginar una vía de escape.

Lo mato, Negro, te juro que lo mato, me dice Machín, necesitado de descargar el container de bronca. En este caso, como en tantos otros, se ve que la cara de repositorio de todo lo malo que le sucede a mis amigos, no me queda mal.

Decime, nunca sentiste esa bronca que te come por dentro, porque querés manejar una situación y no podés?
Siempre, le digo. Es casi constante, no sé si es normal, pero para mí es común.
Claro, no sos de gran ayuda...dice pausando la confesión, hasta que arranca de nuevo.
Siento como cuando quiero largar el faso..., pasa una hora, y vuelve la idea fija "quiero fumar, quiero fumar". Y busco algo que me lleve la mente hacia otro lugar, pero luego de unos minutos vuelve. Me imagino prendiendo el cigarrillo, o me encuentro haciendo algo que siempre hacía mientras fumaba, entendés?
Si, claro, le digo. Y dejaste el faso?
No, Negro, no. Cuando no querés escuchar, cerrás la llave de paso, eh?, no te estoy hablando de eso. Quiero dejar otra cosa.
Ah, ahora si te entiendo, a mi nunca me lo contaste, pero algo me habían dicho...
De qué? Qué te dijeron? Quién?

No, nada, está bien..., si no me lo contaste, no quiero obligarte ni mucho menos.

Qué? Qué decís? Yo nunca te oculté nada! Al contrario, siempre fuiste el amigo que puso la oreja antes que nadie, cómo voy a ocultarte algo?
No sigas, Machín, no hace falta. Además, para cada amigo, hay un secreto y lo comprendo. Debe ser así. (Ahí, reconozco que lo dejé duro).
Esperá, no termino de comprender, (respira hondo y trata de juntar el ovillo de la conversación), vos me decís que hay algo que no conté, que te enteraste por otro lado y pensás que yo se lo confesé a otro pero te lo oculto a vos?
Más o menos por ahí anda la cosa... le digo como para embarrarle la cancha y de paso, enredarle más aún la charla.
Negro, me sorprende lo que me decís, porque lo que yo espero de vos, si hay un tema que querés hablar de mí o de algo que te contaron, es que me vengas de frente. Es lo mínimo... Claro, le digo poniendo tono firme de voz, eso mismo pienso yo...y abro el celular aunque no tenga nada que atender.
Ya está desconcertado, pensando y revolviendo pensamientos. Lo saqué del tema, y su confesión, que sé por donde viene, pasó a un segundo plano, y ya casi se olvida de por qué quería hablar conmigo. Machín tiene la desorientación en la cara.
Lo miro fijo, y le tiro: Vos sabés que podés contar conmigo para lo que quieras. Me incluyas o no en tus secretos, el Negro va a estar siempre. Recordalo. Ahora me tengo que ir, pero en cuanto me precises, avisá.
Machín, callado y desconcertado, me saluda con la cabeza.
Cuando me voy, le pregunto: No estarás cansándote de tu novia, no? Bueh, cualquier cosa, me llamás después, eh?.

Le hice un favor. Le saqué la mina de la cabeza por un rato. Aunque más no sea, esta noche va a pensar en otra cosa, y con suerte, se le termina de enfriar el tema de estar tan enganchado con ella. Al final, si los amigos no estamos para ayudar, para qué estamos?.

31 mayo 2007


Todos precisan algo en que creer. El costado más endeble de la mente requiere un norte que esté lejos. Que no sea fácil de alcanzar. Porque lo alcanzable, lo puede hacer el verdulero de la esquina. Y la necesidad de trascender, de saltar vallas, no roza ni de cerca lo cotidiano.

Los misterios que envuelven las distintas creencias, en vez de alejar, acercan. Casi como en otras cuestiones, digamos amorosas, la niebla de alrededor no espanta, sino que atrae.

Nunca se preguntaron por qué el cine repite hasta el hartazgo la escena de la chica inocente o el muchachito inexperto que remonta la colina donde está el castillo? Y el castillo que apenas se distingue dentro una nube negra y aves rapaces circundándolo...
Juraría que esas cosas tan ominosas las vemos nosotros solamente. Porque estamos afuera, porque apreciamos el gran cuadro completo. Y nos decimos entre nosotros, cómo no se dan cuenta?. Cómo puede ser que sigan, si arriba los espera todo eso?

Menos mal que no nos oyen. Al igual que en muchas oportunidades en las que uno desoyó el toque de atención, y puso primera a la cima de la montaña más fea, pasando por necio o sordo, nada más que para comprobar que, efectivamente, la princesa era el jorobado de notre dame.
Pero lo precisábamos saber. Teníamos que verlo. Y si era necesario, sufrirlo.

Para darle de comer al costado más débil del cerebro y más poderoso del corazón, nada mejor que no hacerle asco a ninguna montaña, no renunciar ni siquiera a una pendiente.
Porque para sentir, de tanto en tanto hay que bajar rodando, y no que nos bajen siempre en andas.

Un Acto Reflejo


Adonde se fueron flotando todo esos sueños que obnubilaban?

No hay una misión de rescate para encontrar todos los deseos que cayeron en el agujero negro de nuestra memoria?

De lo mejor que tuvimos, quedó la tapa. Y el tiempo que nos corrió, ahora arrincona un par de historias contra una pared.

De tanto en tanto, una explosión que llaman crisis, eclosiona y pasa de largo. Vuelta a vivir a pleno la anestesia que tan bien nos hace.

Probamos que era posible dormirnos en caída libre.

Militante del Amor (A esparcer la palabra...)

23 mayo 2007



Me estás difamando, me dice con cara de enojado.
Para nada, niego yo.
Si, y no sólo eso, me hacés quedar como un soberano estúpido, me replica.
Todo lo contrario, te estoy tratando de humanizar, comprendeme, le digo, tratando de frenar una probable discusión. Creo que se enteró que suelo hablar de él en otros lados...

Ahora que mi amigo ejerce su nuevo estado, el de enamorado, lo noto más que sensible, diría que está sudando hormonas de manera descontrolada. Incluso, y eso me hizo sonar la alarma, está estupidamente perceptivo para cuestiones que antes deliberadamente dejaba pasar.

Qué linda mañana, Negro. Viste el sol?.
Si, bolú, está igual que todos los días a esta hora...
Ya sé, dice, es una respuesta boba la tuya. No querés entender lo que te digo...
Pará Machín, tu versión "enamorado reciente" me desconcierta. Al contrario, no te desconcierta, me da la sensación que te da envidia...me dice poniendo su mejor cara de timba. Hace una pausa, y espera mi reacción.

Si me busca, me va a encontrar. Porque que se enamore, estaba en los cálculos, poco probable pero posible. Pero que se quiera convertir en un militante, en un predicador del estado de enamoramiento, me colma. Y que encima pretenda revelarme la palabra... No es la primera vez que conozco a alguien que, al enamorarse y conocer las bondades de ese estado, se ve obligado a salir como un testigo del amor, puerta por puerta, casa por casa. Qué les pasa? Si no sacan el tema ellos, que se ven compelidos a contarnos lo bien que les va, lo relacionan con cualquier cosa que nos suceda a nosotros y les estemos confiando. Y amañan, retuercen la charla hasta terminar hablando de lo que sabemos hasta el cansancio. Lo bien que se sienten. Lo bien que les va.
Pero hay un momento peor.

Después de quedarse callado unos segundos, Machín me mira a los ojos. Y como si preguntara con un lanzallamas en la mano, me desliza...Es que no me querés entender, vos estás negado a sentir. A ver hermano... cuánto hace que no sentís el cosquilleo en la panza, las manos un poco húmedas, el corazón que se quiere escapar y pelea con las palabras por un lugar en la garganta? Eh? Cómo? (lo único que se me ocurrió decir)
Vos me entendés... Si Machín, tan bien te entendí que prefiero seguir sin escucharte. De paso te comento, si por esas cosas te llegás a desencantar, o te sentís ahogado por la relación, no vengas a golpearme la puerta para contarme las bondades de la libertad y lo maravilloso de la soledad. Te conozco, le ponés tantas ganas a las cosas, que no me extrañaría.

Creo que se enojó un poco. Tal vez se me fue la mano, pero me da la sensación que con el tiempo me va a entender. Tal vez. Ojalá que no.

Todos los días

22 mayo 2007


Machín me acaba de llamar. Fue muy claro, conciso, incluso lo noté con un dejo de vergüenza.
"Se terminó mi rutina de amanecedor profesional", me dijo muy secamente por el teléfono. No entendí bien por qué me llamaba a mí para hacerme el aviso. Luego de meditarlo, me dí cuenta que yo soy uno de los que forjaron su leyenda.
Machín, mi amigo que vive hace 20 años teniendo 20, anuncia su retiro. Doloroso para nosotros, sus amigos, que vivíamos sus aventuras como propias. Además, Machín era la segunda en todos los fogones. El amigo que se alejaba de una novia (digo novia, no mujer que otorga ciertos derechos sobre sí por un escaso lapso de tiempo) tenía en Machín el compañero perfecto para rehabilitarse. Él sabía donde tocar para conseguir un lugar, conocía donde se refugiaban las desahuciadas de una noche, y lo fundamental, estaba al tanto de la cotización, en tiempo real, del fernet en cualquier tugurio de la noche. Era la agenda viviente de cuanto celular inconseguible hubiera y a la vez, era la inmensa biografía de miles de anónimos y anónimas que uno podía consultar, para poder atracar el barco pirata sin temor a que nos echen una salva de cañonazos. "Machín, la conocés a fulana?" era la frase-gatillo que disparaba la vida y obra de la dama. Y en ese instante, nos sumergía en el árbol genealógico y en la maraña de relaciones de la mujer de quien queríamos saber mucho, pero quizás no tanto. No lo hacía por simple chusmerío, juro que no era de comentar nada que no se le pidiera, ni siquiera de regodearse con la frase "A que no sabés....". No, lejos de él esa actitud.
La cuestión es que la noche pierde una estrella, a causa de un amor. Una más.

Todos los días se enamora un duro.
Todos los días, un grupo de amigos pierde al último que se resiste a decir la temida frase.
Todos los días, nace alguien pensando que descubre América, porque se dio la oportunidad de pronunciar la frase.
Todos los días son el mejor día para pensar que se dice por primera vez.
Hubiera pagado para presenciar el momento. Machín diciendo "Te amo".

Mi ansiedad agoniza cuando compro por TV

15 mayo 2007


El mundo se nos llena de aparatos estúpidos que no resisten el uso más allá de un par de veces. La televisión inauguró los horarios más insospechados para vendernos la inutilidad más absoluta, acompañada de varios implementos que pueden ser nuestros saliendo de la cama y llamando ya, a las tres de la mañana del martes, dándole un uso terapéutico a la tarjeta plástica. Sin embargo, mi ánimo oscilante, veleta y zigzagueante me lleva a reivindicar algunos productos.

El infomercial que tiene de protagonista a un señor muy mayor, debería entrar en la galería de los más logrados de la historia. Al cabo de 15 minutos, uno está cerca de creer que, de comprar ese exprimidor, uno adquiere la fuente de la juventud y un certificado de vida sana, además de sentir en los minutos iniciales cuan cerca de ser una ameba está uno.

Hay una reunión de vecinos y amigos en la barra de una cocina. Un matrimonio oficia de anfitrión. Sacan un aparatito muy parecido a una licuadora, pero no. Eso diría cualquier asno que no alcanza a ver el potencial de la máquina que están por presentarnos. Una creación de la ingeniería que permite ingresarle distintas sobras de comidas añejas y devolvernos riquísimos platos, transformados quién sabe por qué método de avanzada. No, No es una procesadora, es una pequeña maravilla que nos acerca a algo. Aún no sé a que, pero lo descubriré.

Muero, literalmente, por tener un audífono. Me imagino la reacción de mis amigos (envidiosos y competitivos todos ellos) al verme seguir por la tele atentamente un partido de futbol con el audífono de la publicidad, que además te recomiendan de modo muy sugerente que no oigas conversaciones privadas. Te ofrecen la posibilidad de darle unos puntos más de valor a un sentido tan importante como el oído, y la vas a desperdiciar?. Never, en cuanto salga de las cuotas del aire y de la escalera de las mil posiciones, me meto de lleno de nuevo.

Extraño los pela papas de lujo que ofrecían antes. Cortaban una batata descompuesta, pero con qué calidad artística! Uno sentía que sin haber pisado un recinto universitario o haber pagado un curso, era un chef consumado y hasta daba ganas de cambiar el lenguaje de cocinero de fonda por otro más lucido y técnico. Es que el hábito no hace al monje, pero ayuda al entorno del monasterio.

En fin...

Un barco de papel (Surfeando un Tsunami)


En el arte de hacer lo posible (donde dicen que vive la monotonía), también para de prestado el sentido común.
Mientras que una ola de agua viene bajando implacable, arrancando árboles de raíz y paseando casas como si fueran caballos de calesita, siempre habrá uno que está parado frente a la correntada.
Por deporte o por convicción?, esa es la pregunta que salta cuando uno divisa un puntito en la marabunta, y él, sola su alma, contraría la dirección de todos sin pedir permiso.
Cuando alguien decide en su fuero íntimo ir contra la mayoría, ya sea consciente o inconscientemente, ha elegido su destino, pero seguro ha marcado el destino de muchos otros.
La historia grande y la pequeña, la crónica de las enciclopedias y las anécdotas de barrio, todas guardan historias de desplantes, rebeldías y aparentes caprichos que torcieron ríos o derrumbaron imperios.
Tal vez, en este preciso instante, un tipo se levante de su silla y decida tirar por la ventana la calma que lo guardó durante años. O quizás, al apoyar el primer pie en el suelo, esta mañana una mujer lleve sus pasos hasta la puerta de calle y la cierre por última vez.
Porque para llevar adelante una epopeya, para escribir el primer capítulo de algo monumental, no hace falta tener a todo el imperio romano frente a uno. Basta con vencer al oponente interno, ese que nos usurpa la voz de la conciencia y nos hace posponer lo que debería haber sido ayer.

Una lista de deseos (My Whishlist)

09 mayo 2007


Un frío que congele todo. Un viento que traiga nieve y cubra el campo. Un reloj que se detenga y nos dé tiempo para resolver. Un sol que, tibio, derrita la escarcha. Una perilla que encienda la escena y la ponga en marcha. Un sueño calmo que repare las almas.

Un auditorio en silencio y las palabras perdidas para explicar.

Una luz tenue para adivinar y confirmar cuanto te conozco. Una caja cerrada para volver a elegir ese aroma. Y una vez más, las llaves de todos los relojes en mi mano.

Una montaña para atrapar el cuadro completo. Un volcán que queme hasta el último rasgo que habita la memoria. Una memoria con switch. Un bar que nunca cierre y no aloje recuerdos.

Un ojo que vea todo. Una mente que lo entienda, un corazón que comprenda.

Una mano inmensa que atrape todas esas sensaciones. Un pizarrón que las guarde.

Un reproductor de emociones. Una grabadora de presentes atesorables.

Y más. Mucho más. Una sola cosa.

Definiciones de Bar (Baratijas agradables al oído)

02 mayo 2007


*Carrera: No podemos desmayar. Una vez que bajaron la bandera, lo único que esperan es que corramos. No hay cinta que cortar, ni premios consuelo; no hay podio ni fotógrafos. Sólo, al final, dicen que entregan una cinta y el diploma de gente de bien.

*Dormir:
Dormir no es soñar. Es apoyar un peso muerto sobre la obligación de seguir. Espinas agudas e ínfimas, listas para sobresaltar a los elegidos y descorazonar a los débiles, son el antídoto. Es el premio para los que desmayan y la tortura para los que flaquean. Nunca será un obstáculo para ganar.

*Ganar:
Llegar al lugar estipulado con la suficiente cantidad de sangre en los zapatos, y no tener deseos de limpiarlos.

*Soñar:
Intentar darle la categoría de palpable a algo que, siendo material, no se puede tocar porque es ajeno.

*Ambición: Sana intención de pretender algo para uno, que sólo uno puede disfrutar y probablemente, muchos sufrir.

Anotaciones Estúpidas Para Una Agenda


*Si se enteran que caí en cana, y me quieren hacer un favor, llamen a un boga de la tele. Si vive eternamente bronceado, mejor. Si su cabello es de color indefinido, mejor aún. Es preciso tener de tu lado a alguien que te defienda en cualquier momento y de cualquier forma, ya sea ante Grondona, Mauro Viale o Marcelo Bonelli. Y que todos le den lo mismo. Que hable de uno en la puerta de un juzgado o de un boliche a las 5 de la mañana. Es igual.

*Si estoy enfermo, la mejor opción es el Doctor Cahe. Piola dentro del gremio de los tordos piolas, no te cura pero la pasás bomba. Estarás mal, y así y todo, convalecés en una quinta, y si te manda a un psiquiátrico, tiene onda de otra cosa.


*Si estoy solo, quiero una silla en Yo me quiero casar y ud. modelo 2007. Hay algo mejor que sentarte frente a 10 ó 15 mujeres que quieren matar su soledad, aunque más no sea a palazos, y cualquier bondi las arrima al barrio?. Además, un gabinete psicológico que te asiste si no te dan bola, o te saca la culpa si fuiste lejos en el pe-pé-pe-pé.

*Si mi peso comenzara a ser un problema para el resto de mi organismo, sin dudas pediría a gritos una plaza en Cuestión de Peso!. Cómo encarar el drama sin la paternal mirada del Doc Cormillot, que no sé si fue gordo alguna vez, pero cómo los entiende!. Conmovedor. Movilizante.
Y la señora que conduce, tan afecta a la problemática que abandonó su carrera actoral para torturar obesos con estilo. Si no bajás así...

*Nota: No sé que hacer en caso de aburrirme. Me tendré que asociar a un video club.

01 mayo 2007


Todo está donde se supone debe estar, aparentemente.
Volver a un recuerdo doloroso produce estertores, sacudones que pensamos como pasados. La imagen que loopea en mi cabeza es la del viaje al centro de una herida. Hundiéndome en carne viva, un rojo oscuro que ahoga y a la vez duele.
El tiempo es cíclico en estas cuestiones. El almanaque porfía, y nos quiere hacer creer que es lineal. No. No en esto. Es eterno en el desencuentro, circular en la ausencia, lineal en el goce. Nada tuerce lo que se forja con dolor. Burlamos por instantes al destino, sólo para seguir siendo los perfectos esclavos del libreto que nos escribieron.
Todo sigue igual de bien.