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Culpa

07 marzo 2007


Un pensamiento cruza solitario las dos cabezas. Sólo un pensamiento. No hay resignación, hay una promesa de lugar lejano, de cielos diferentes.
Posponer no es clausurar, es suspender del aire una promesa cada vez más delgada.
Dónde se corta el hilo, está la mirada que nada puede detener. Las manos atadas a la espalda.
Ya hicimos la mejor parte, ahora es el momento de la espera.


Ella se aparta de la cama, lentamente, dando pasos hacia atrás. No levanta los ojos de esas sábanas.
Tantea buscando la pared, la puerta, el pasillo, la calle.

El se tapa la cara con las almohadas. Mira el techo, y tantea. Enciende la radio, para aturdirse con otras voces, mientras tantea la mesa de luz, los fasos, el encendedor. También se escapa.


Todo está sucediendo en un tiempo distinto. El mundo gira sin saber que pasó. Ignorantes todos de todo, y de esto en particular, actuamos lejanos, salvo dos cabezas que no pueden eludir su pasado inmediato.

Los imposibles suceden, y hasta la luz más lejana, puede quemar.


Arder, arder sin culpas es lo verdaderamente difícil.

Cualquiera (parte II)

27 diciembre 2006


Creo que la vi mil veces. Más que "Blade Runner", y mucho más aún que "Volver al Futuro". Sin embargo, no caigo en la cuenta hasta que la trama me atrapó por completo, hasta que estoy tan enredado con el argumento y el desarrollo que ya es tarde para levantarme y partir. No me canso de oír esos parlamentos que conozco de memoria, que murmuro un segundo antes que los protagonistas pronuncien. Profundamente me emocionan los climas musicales, me conmueven las escenas, y siempre, indefectiblemente, vivo la película como la primera vez. Será, me digo, porque es una montaña rusa de emociones, o porque los personajes son tan cotidianos que uno los siente muy dentro. Quizás. Como aquella escena de Don Corleone entregando el mando de la familia a Michael, todo visto a través de una puerta entreabierta, es así como guardo imágenes de esta peli. Debe ser que es la vida, y no una película lo que estoy viendo. Será. Pero de todos modos, me quedo aferrado a la butaca, abro los ojos tan grandes como puedo, mientras que todo se sucede. Porque de algo estoy seguro, no soy yo el director, y cada escena nueva me sigue asombrando.

12 diciembre 2006


No tengo ganas de resignarme, pero con que gusto lo hago.
No tengo fe, pero con que estúpida candidez espero.
No siento porque respiro anestesia, pero cómo duele.
No encuentro lugar, pero cuánta tierra he pisado sin hacer un cimiento.

Cuánto deseo de ansiar, ansias de desear. De poner en on algo vivo y latente. De latir.
De ser el hombre bomba que lleva consigo el explosivo más potente en busca de la multitud obediente.

Me cansó la rutina de ser el mudo que no sabe señas, de hacer de oficial escribiente pulcro y prolijo que se lava las manos en espadol y se quema todas las noches el corazón a solas.

Todo cabe en un par de bolsillos. Al fin y cabo, no es tanto. No se mide en quilates, ni en pulgadas, ni en cm3. No mueve ninguna aguja. Absolutamente ninguna.

Por eso, apago la luz. Otra llave que tiro por encima del hombro.

Hielo

06 diciembre 2006


Sólo es un instante. Pero será eterno. El aire se hace hielo para dejar atrapadas todas las muecas, todos los gestos, una sonrisa. Para perpetuar un estado, y jugarle en contra a ese reloj que no podemos torcer. Lentamente, lejos de la percepción, avanza ese frío que todo lo convierte en olvido, y nos arrebata de virtudes, horrores, pasiones. Ya nada es, sino hielo, y el que invoca o el que sufre, son frío por igual. Ni una razón acude para alumbrar, no hay argumentos, sólo la procesión blanca que todo masifica. Los indefensos y resignados miran sin oponerse y la brisa más gélida pone un manto sobre el pasado. Nada asoma. Nada rompe la perfección. Cuerpos, voces, miradas, frases, melodías, todo sepultado bajo la capa más gruesa de escarcha. La más duradera que mi voluntad pueda.

Uno

06 octubre 2006


Volvió del laburo. Prendió la tele y comenzó a hurgar heladera, cajones y alacena en busca de algo para comer. Ahora se sienta a mirar lo que le ofrecen, manso. Dos bailando. Cambia. Dos anunciando noticias. Cambia. Dos diciendo taradeces. Cambia. Dos besándose. Huye. Él solo.
Mira el celular, aún prendido. Mensajes, ninguno, llamadas perdidas, cero, llamadas recibidas, nunca. Lo apaga. Más que una comodidad, ese teléfono le recuerda su lugar en el mapa del mundo.
Lo más cercano al afecto son las facturas del cable, con el encabezado "Estimado Señor Cliente".
De fondo, la tele reproduce una publicidad de fajas reductoras, mientras en su cabeza resuenan los pasos que se alejan por el zaguán de la casa. La puerta que se cierra. El silencio. El inagotable silencio que, hace un año ya, sigue haciendo ruido en su interior. Y la catarata de sucesos se desata como todas las noches, inalterable. Habitación, fotos viejas, cama inmensa, angustia seca de lágrimas y dormirse a la espera de un regreso que se ahoga con el despertador, a las 7 de la mañana.