Sacrificio

23 diciembre 2007


Abrió sus piernas invitando a morir el instante.
Pidió la copa más fuerte, la alzó para sus ojos y exigió el corazón de su esclavo.
Juró que no habría agonía, sólo un paso hacia la gloria más brillante.
Dos escalones al cielo, sin más sufrimiento que el dolor inicial.
Conocedora de los atajos de la paciencia, gritó su calma y barajó el futuro inminente.
Mil billetes en su mano o una curva desnuda y tenue.
Suicidio o culpa eterna, planteó.
Sabedora de las elecciones de sus víctimas, no dudó en hundirse en el alma ajena.

Tristeza Natural

05 diciembre 2007

Junta cosas para el alma en las góndolas del súper.
Vende boletos para su paraíso los sábados, y acepta reclamos los lunes.
En nombre de una montaña de pasado, se ahoga en olvido.
Anestesia almas que le ofrenda a las madrugadas.
Sueña veloz el futuro, y se devora el presente.
Acaricia tierna, y envenena.
Clava firme su recuerdo y se aleja por el muelle.
Con su pañuelo de despedidas, tapa rostros que la envuelven por la noche.
Ni una estrella deja que le prometan, son suyas.
Un dolor que ya calmó es la carta que ofrece y una parcela de su cielo es la única garantía.

Entre mis manos no queda más humedad que la del temor.
El pecho atravesado por un ancla que tira a lo profundo.
En mis ojos, la estela del barco que se fue.
Y un pañuelo que no conoce más lágrimas que las ajenas.
El olor de un incendio ahogado o el perdido aroma de esa piel.
El sabor de todo y el lamento del vacío.
La certeza de saber que todo se apagaría. Irremediablemente.

Partir

27 noviembre 2007


Bienvenido... no sé si es el momento, pero de hecho, lo es. Estás aquí.

La mesa está despejada. Podés abrir tu mano o esconder las cartas. Será indistinto. No varía para el desarrollo del juego, de nuestro juego.
Si es preciso, podemos detener el tiempo. O desviarlo hacia el pasado que invocás como feliz. Yo elijo anclarme en el presente. Desde aquí me dedicaré a cuidar mi mitad de aquel tiempo.

No pronuncies nada como promisorio. Siempre llegará a mis oídos como frustrante.
Cada siempre que escapó de tu boca abrió un precipicio de nunca.
Fue el inmenso mar de palabras que siempre me ahogó cualquier duda. Hoy, ya no.
Aún lucho para terminar de secar estos huesos, que son lo único que salvé de la travesía.
Pero ya no hay dolor. Es difícil explicar como se consigue anestesiar el alma, a menos que gustes oír la sucesión de piedras que penden de este collar. Sin embargo, y a riesgo de conseguir tu enojo, puedo confesarte que no le has agregado tanto a este calvario. Simplemente arrimaste los últimos granitos para cerrar la cadena. No más que eso.
Pensarás, por qué justo a mí? Con no demasiada astucia, saltarás al siguiente escalón, y te preguntarás... si otros han desolado este espíritu, y yo apenas lo abollé... por qué debo ser el que salde todos los destrozos? Tal vez, si mantengo fija mi vista en vos concluyas (pero no sabiamente), que este papel te ha tocado por ser el último de la fila. El último hombre que llega a estas tierras pensando que todo se hace con nada, y que nada paga lo mucho que cree que da. Gracias por todo, y mientras duró, debo decirte, fue hermoso.

PD: Deberías agradecerme el no haberte dicho que estaba confundida. Tuya por siempre (en aquel tiempo) Verónica.

Mentiras

21 noviembre 2007

Me subo a la montaña de papeles y jugadas clásicas.
Como todo lo que hago me parece previsible, le ruego que la incendie.
Cómo adelantarse a quien te completa la frase o sobreponerse a la sospecha de que caminó tus pisadas?
Sabe mis cartas, pero simula no conocerlas. Me espera en cada esquina y deja que me acerque.
No hay una lágrima que no haya llorado, ni sorpresas que no devorara su asombro.
Podría lograr que cambie el curso, pero disfruta saber que hay un desastre en el camino.
En el juego de las inocencias disimuladas, ruega, pide y susurra. Será mentira, pero la más dulce saldrá de mi boca. Sé que tengo comprado mi lote en ese paraíso.

Fue verla y saber que se acercaba un problema. Mi mejor respuesta, buscar el salvavidas.

Cómo huir de las mejores caricias que pueden rogar estos oídos?

Cielos

20 noviembre 2007

Atesorando mentiras dulces, pasó el tiempo hasta inundar el presente.
Acarició cada error, imaginó un cielo de labios que le susurraban calor a sus oídos.
Arrastró sombras a las que les infló el alma vacía, y se las presentó al cadáver de su amado.
Coronó con nuncas un collar hermoso de jamases.
Espantó la pasión y la vistió de ternura inocente.
Ahogó un hilo de conciencia y puso en el altar la construcción más compleja que podía parir su imaginación: Amor eterno.
Para cada ardor, un bálsamo.
Todos sus náufragos llegarían a una costa y el sopor haría su sueño más cercano al sol.

Despertar era el costo. Nada corroía tanto su paraíso como vivir, con los ojos plenamente abiertos.

Sospechosamente bien

12 noviembre 2007

No es como la leve subida del dólar. Ni siquiera se compara a los índices de inflación. Es el alza más importante que notó esa mañana. En la radio hablaban de noticias serias como si fueran dos señoras de antes, baldeando las veredas de sus casas. La pava era, desde hacía minutos, un géiser doméstico, ignorada como tantas otras cosas de la casa. El día amaneció grisáceo, pero no perturbaba, en lo aparente, la rutina de esa mañana. Se sentía bien. "Sospechosamente bien", se repetía para sí misma.

En el camino al trabajo, comenzó a notar que la miraban. Con intriga. Con curiosidad. Con sonrisas reprimidas, con ojos de cierto asombro. Sentía que algunas miradas la seguían. Incluso le pareció que los saludos obligados y repetidos de cada día eran distintos. Ya no eran mecánicos y de compromiso. Hasta le sonó musical y encantador el "qué bonita estás hoy" del portero.

Comenzó su mañana en el bar de enfrente del trabajo. Tenía el diario abierto, leía. Pero no había una miserable frase que le quedara en la memoria. Era la cara de ella en todas las fotos. El mozo le trajo su café de siempre, y el sobresalto de que lo trajeran a este mundo, hizo que lo tirara al piso. "Qué torpe, disculpe" le dijo, mientras, agachado, el mozo renegaba.

Cerca de la hora de entrada, él seguía de reojo la puerta de entrada. Cuando la vio, saltó de su silla, dejó el dinero sobre la mesa y disimulando la carrera, se le acercó. Sin querer, la empujó. Ella giró la cabeza y se encontró con el rostro de él, rojo de vergüenza, ardiendo de timidez.
La sonrisa lo calmó, no escuchó palabras salir de esa boca, que franca y ampliamente le insinuaba su humor. Notó que sonreía aliviado. Que se aflojaba toda tensión. Que la ansiedad que lo comía desde la noche se diluía frente a esa mujer. Se dio cuenta, súbitamente, que sólo quería estar frente a ella. Para sentirse bien. "Sospechosamente bien", se dijo para sí mismo, mientras subían las escaleras.

Sala de Espera

07 noviembre 2007


Mantenerte en la oscuridad? Dejar que el tiempo aplaste y moldee todo?
Quedarme con la última impresión? O hundirme en la foto que se clava impiadosa, objetiva y tan enferma de aquel presente?
Somos lo que nos pensamos o somos lo que nos hicimos?
Seguiré vivo aún en tu sueño? Será tuya la silueta que sigo imaginando insomne?
Soy con vos?
Sin espacio, el aire escapa. Agobio que es vida.
Tenue.

Preludio del Adios


La noche sin nubes no esconde sorpresas. Sin embargo, algo le atraviesa el pecho. Hay caras que son vidriadas. Sinceras hasta el suicidio. Ella camina hundiendo sus pasos en barro, y llegar es partir.

Él espera con su café. Lo revuelve, aunque sabe que no hay nada para disolver. Acomoda el atado de cigarrillos, escarba el programa de su celular, como si fuera a encontrar una nueva y mágica función. Todo el espectáculo de la ventana le pasa desapercibido. Cambia las llaves de lugar, le pide un diario al mozo y fijamente observa el reloj de la pared. El segundero no avanza más que a pasos cortos, como indeciso.

Cuando abre la puerta, siente el calor del bar en su rostro. Por un instante, ansió no encontrarlo, para seguir su huída. Ve la mesa, y encuentra todas las pertenencias de él prolijamente acomodadas, como un muestrario de exposición. Las llaves del auto, el celular, el atado de cigarrillos, el encendedor dorado que tanto detesta. Y él. Siente que algo le enerva la espalda y aprieta los dientes hasta sentir el dolor en los maxilares. Ataja su sonrisa y le devuelve el frío que trae consigo.

Se alegra de la llegada. Pero el pecho le insinúa que algo no está bien. Quizás la mirada que huye a la suya, o tal vez la ropa. Duda. Habrá pasado algo afuera?, se pregunta. Mira por la vidriera del bar y todo está como cuando se sentó. Se acomoda en su silla sabiendo que se aproxima el momento de atajar una andanada de golpes en una habitación a oscuras.

Adiós Roberto...


Me senté al lado de la ventana. Como siempre. Abrí un diario que nunca compraría y esperé al mozo. Serían las 11 de la noche, día de semana, no recuerdo cual. Pedí un café y un vaso de soda. Nunca se me ocurren muchas actividades cuando tengo que matar el tiempo. Era eso o sentarme en la plaza. Pocas mesas estaban ocupadas, y el bar languidecía entre la poca luz y el escaso movimiento.
A mis espaldas, también junto a la ventana, se sentó una pareja con intenciones de charlar como se charla en algunos cafés, esquivando los nubarrones de una ruptura.
No vi sus rostros, pero los imaginé a la perfección. Ella era Daniela, adivino. Él nunca la nombró así, pero los diminutivos giraban en torno a Daniela. Dani, Danu, Danucha. Todos dichos en un estado de ruego e intercalados en cada frase. Él era Roberto. De la boca de Daniela nunca salió de otro modo. Daniela cuidaba que cada oración que expresaba, fuera lo suficientemente aséptica, tajante y sin ambages para el oído de él. Roberto discurrió su charla en cataratas de miel, en apelaciones a pasados virtuosos, instantáneas que pedían a gritos eternidad y pasiones apagadas por sabe dios qué conflicto.
No pude atrapar el nudo del drama, pero entendí en la primer respuesta que estaba asistiendo al desenlace que tanto temía Roberto. Parado frente a la alacena, corría de una punta a la otra abarajando platos, tazas y pocillos que ella, verbalmente, le tiraba al suelo.

Me abstraje por un instante. La voz de Daniela no era fuerte, ni siquiera sonaba enojada. Era una transmisión en directo desde el polo sur, y juraría que su aliento era helado, gélido. Sin dudas, tenía esa monotonía vocal que le adjudicamos a los robots de películas, pero era la temida voz de una mujer decidida. La voz que ningún hombre desea oír.

Cuando volví mi atención a la conversación ajena, sentí como Daniela comenzaba a apartarse de la mesa. El chirrido de su silla, las imploraciones de él, las disculpas de ella y su voz más lejana. La puerta que despide a alguien y deja entrar un leve viento. El silencio de Roberto que sabía que todos, involuntariamente, eramos partícipes de su nuevo estado.
Me levanté con la atención de no mirar a la cara a ese hombre. Preferí dejarlo sin rostro en mi memoria. El mozo se acercó, y me cobró al paso. Cuando buscaba la salida, oí como comenzaba su terapia de rehabilitación Roberto. Pidió algo fuerte y sin hielo, y le tiró canchero al mozo: -. Esta se piensa que es la única mina del mundo...
Uno más que tiene un futuro de recaídas crónicas.

Paciencia

21 octubre 2007


Hoy es el llamado a los gritos. A todas las resignaciones pasadas.
No quiero esperar que la lluvia la gaste. Que una ola la arrase o que el viento la esparza.
La impaciencia mastica cada nervio. El domingo amplifica el vacío.
Sin saber, sospecho. Del indicio a la sentencia, mil veces en mil instantes.
Será el llamado de la fascinación? El equívoco de las palabras huecas?
Las frases sueltas que sirven de soga, hoy sostienen. Mañana ahogan.

Toda una noche soñando hoy, cincelando el fantasma que no deja dormir. Rasgo por rasgo, aroma por aroma. El Frankenstein de una mente que se resigna a ser pasado. Arma y diseña. Desea.
Entre la dulce declinación y el ensordecedor pedido. Sólo un segundo toma decir adiós.

Siempre Entendí


El péndulo de la resignación y la rebelión nunca se detuvo.
De la euforia de vivir a escondidas la historia que nunca podría publicar, a llorar ahogada el diario de todas las mañanas. El vaivén siempre presente.
Llenando la bolsa de ilusiones y juramentos. Caminando por veredas separadas, alimentándose de guiños, destellos y cenando la amargura de lo imposible.
Cada día más cerca de nada.
A la luz, los escombros que apenas dan refugio, y el alma bañada de rocío.
Cada amanecer le roba el manto con el que sueña despertar, y me aleja.

Sufro esa piel. Y le imploro memoria.

El Envoltorio

20 octubre 2007


Que sea como debe ser. Un apagón de intenciones. Un corte de suministro de entusiasmo. Una escasez de sorpresa que haga explotar el mercado.
Tal vez deba asistir a la temida extinción de una llama que nunca quise avivar y me aterra que se apague.
El fondo sigue esquivo. El brusco descenso no sorprende ni se detiene. Es vivir con el pecho inflado por el airbag, antes del choque que quizás nunca se produzca. Adrenalina por nada. Catarata de silencios enlazados, juramentos que aseguran el próximo instante y abren el precipicio luego.
Juro que las vísceras se estremecen, que la sangre corre rápido como nunca. Te aseguro que quiero todo, pero desecharía la mitad. Sos el mejor envoltorio que me podría haber regalado el tiempo, pero es inevitable que te abra. Que te prometa que voy a envolverme en vos y sólo cubra mi cadera. Así será. Un orgasmo de culpa inundará el cuadro, y todo se diluirá.

Éxito & Mujeres

22 agosto 2007


Dalmiro Sáenz dijo una vez que las mujeres eran boludas porque no caían en la cuenta de que los hombres hacen todo para conquistarlas. Más concretamente, no se refería a la capacidad de hacer todo por una mujer en particular, sino que ese "todo" era dirigido a la totalidad de las mujeres. Mujeres sin cara, anónimas, que el protagonista aún no conoce y espera conocer. Mujeres que él conoce de todos los días y mujeres que le "pertenecen" a otros pero ese éxito lo pondrá bajo el reflector y a su consideración.
Neil Amstrong pisó la luna, Alejandro Magno forjó un imperio y San Martín cruzó la cordillera, pero además de los motivos más visibles, seguro había otro, escondido y subyacente. Era para competir con otros hombres? No. Los hombres competimos en otro plano, no directamente. Y una medida para competir es, justamente, el éxito con las mujeres...
Ahora bien, conducir un ejército victorioso, manejar un F1 o llegar a la cima del mundo empresarial suele impresionar al común del mundo femenino. Sin ir tan lejos, un auto con el mágico perfume 0 KM también surte efectos de hechizo. Pero qué hacer cuando esa mujer, y no otra, no se inmuta con logros y éxitos? Qué pasa cuando le hacen llover laureles sobre sus hombros, y la tipa se los quita con el revés de la mano, como quien se saca un cabello caído?
Qué difícil, pero que atrapante es tratar de entender el dilema.
Mi único y gran amigo Machín, una noche me decía que la fórmula que hasta el día de hoy le ha asegurado un 100 por ciento de efectividad, es la espera. Lograr algo, no importa que, y esperar a ver quien se acerca.
-No es de hombres contar y promocionar sus logros, comenta él. No tenés que hacer de héroe y de agente de prensa a la vez, se entiende? Porque desmerecés el logro si lo publicitás... -Comprendo, le digo, es como dar limosna pero no decirlo, no?
-No zapato!, me gritó Machín. El centro de la jugada es que los demás te hagan prensa y vos lo minimices, ahora la cazás?
-Perfecto. Nunca me quedó algo tan claro. Pero una vez que llegaste a donde querías, cómo lográs conservar lo que ganaste? -Eso es un misterio Negro. Nadie lo sabe, y me han contado que del otro bando, tampoco tienen mucha idea...
-Ah. eso es tranquilizador, le dije.
Después seguimos charlando de lo maravillosas que son las mujeres inteligentes, y de por qué no se puso de moda el campari con tónica.

Alas y Ramas

14 agosto 2007


*Después de una larga caída, accidentada, apareció una rama asomándose. Fue estirar la mano y sujetarse. Las heridas del recorrido vertiginoso hacia abajo, esperaron. El último aliento fue para asirse del árbol. Postergar el choque inevitable.
Esperaba que desplegara alas, y llevara lejos todo lo negro que acumuló en muchos calendarios. Pero era simplemente una rama, de un árbol que hundió muy profundo sus raíces. Inmóvil, añoso.

*Esperó años. Marchitó su vida, consumió su apariencia. Desdibujó sus virtudes y hundió una belleza rara en la paleta más abundante de grises. Pegó su mentón al pecho y apagó la mirada. Cuando quiso abrir el pecho y gritar hacia arriba, encontró el agudo sonido interior. El grito más silencioso, el mismo que la despertaba ahogada noche tras noche.

*Hundió paso a paso su caminar en la arena. No importaban las huellas. No había atrás, era norte, noche, pasado y la garganta con temblor. Un futuro sin caídas y alas que ya no confundiría con ramas. Volar hacia adentro, hacia lo profundo.

Musical Berreta (e imaginario)


Me da una secreta e inconfesable envidia, la alegría de película musical. Esa gente bonita que se dice cosas cantando, moviéndose al ritmo de una canción que nadie puso ni toca, y seguidos coreográficamente por todos sus amigos que hacen coros y aseveran lo que dicen los protagonistas.
Bailan arriba del techo de un auto, saltan ágilmente hacia una baranda y giran del poste de un semáforo que da todos los colores al mismo tiempo. Un tiempo que se detiene porque alguien que no vemos, paró los relojes de la vida nada más que para que una pareja le diga al mundo "Aquí hay amor". Los peatones paran y se sonríen. Los conductores sacan sus cabezas por las ventanillas y acompañan la escena. Una vecina se asoma por el balcón y oficia de testigo, cantando una estrofa. Un policía de tránsito pierde la compostura, y se acopla a los pasos de baile. Una jubilada arroja su bastón y ensaya unas piruetas de circo. Tres minutos de felicidad eterna y garantizada.

Termina la canción, la pareja se mira largamente y todo se diluye a su alrededor. Los coches hacen sonar sus bocinas estruendosamente, el policía comienza a levantar infracciones y la vecina del balcón riega las plantas, mojando a los peatones que, sorprendidos, miran hacia arriba y la insultan. Las amigas de la chica se van porque las esperan sus novios. Los amigos del muchachito se van al bar y se lo quieren llevar, insinuándole que su actitud es de dominado. La anciana del bastón le pega a uno de los pibes que casi la desparrama en la vereda.

Tal vez sea sordo, quizás insensible, pero hoy tengo ganas. En algún lugar debe estar sonando la canción de mi propio musical. Será cuestión de afinar la sintonía, y dejar de negarse. Digo...

Cuando el Sol

06 junio 2007


No sé como llegamos hasta aquí. Lo sospecho, pero no lo puedo explicar. Porque las palabras las usamos pero explicar otros arribos, otras llegadas a paisajes tan tristes como éste, pero... cuando gastamos las frases, quemamos un perdón sobre otro y persistimos en desenrrollar más promesas, los sentidos se empapan de nuestra propia anestesia. El tacto se me adormeció. Perdí la encantadora fascinación de sospechar tu aroma y, cuánto más creés que el tiempo se va a dejar torcer el brazo?.

Después de dejar todas las luces encendidas, todas las señales, luego de lanzar la última bengala para que se la trague el mar de la oscuridad más negra, se acostó. Se acostó justo cuando una bandada de gorriones ya cantaban cerca de la ventana, que le traslucía un par de rayos del día.

Poniendo a trabajar con fuerza esta mente, no recuerdo días en los que el corazón no quisiera parar. Días en los que no deseara que el viento amontonara lejos toda la sucesión de amables excusas que siempre nos dijimos para no llegar al precipicio. Y méritos para caer no nos faltan, ni ahorramos siquiera el cinismo para disfrazar la culpa como destino.

En apenas unos instantes, saltó de la cama. Encendió el fuego y atento buscaba oír el silbido de la pava. Cuando estuvo listo el mate, ya todos los sonidos del día inundaban la cocina. Los engranajes comenzaron a rodar, y sin querer, ya estaba en marcha la sucesión de hechos que sin duda, lo depositarían en el punto de partida. Como todas las noches. Como todos los días.


Militante del Amor (Breves Momentos de Duda)

04 junio 2007


Para mi amigo, el tema se ha convertido en cuestión de vida o muerte. Me dijo que sentía que tenía algo dentro de él que gobernaba su comportamiento. Como esto pinta para largo, comienzo a imaginar una vía de escape.

Lo mato, Negro, te juro que lo mato, me dice Machín, necesitado de descargar el container de bronca. En este caso, como en tantos otros, se ve que la cara de repositorio de todo lo malo que le sucede a mis amigos, no me queda mal.

Decime, nunca sentiste esa bronca que te come por dentro, porque querés manejar una situación y no podés?
Siempre, le digo. Es casi constante, no sé si es normal, pero para mí es común.
Claro, no sos de gran ayuda...dice pausando la confesión, hasta que arranca de nuevo.
Siento como cuando quiero largar el faso..., pasa una hora, y vuelve la idea fija "quiero fumar, quiero fumar". Y busco algo que me lleve la mente hacia otro lugar, pero luego de unos minutos vuelve. Me imagino prendiendo el cigarrillo, o me encuentro haciendo algo que siempre hacía mientras fumaba, entendés?
Si, claro, le digo. Y dejaste el faso?
No, Negro, no. Cuando no querés escuchar, cerrás la llave de paso, eh?, no te estoy hablando de eso. Quiero dejar otra cosa.
Ah, ahora si te entiendo, a mi nunca me lo contaste, pero algo me habían dicho...
De qué? Qué te dijeron? Quién?

No, nada, está bien..., si no me lo contaste, no quiero obligarte ni mucho menos.

Qué? Qué decís? Yo nunca te oculté nada! Al contrario, siempre fuiste el amigo que puso la oreja antes que nadie, cómo voy a ocultarte algo?
No sigas, Machín, no hace falta. Además, para cada amigo, hay un secreto y lo comprendo. Debe ser así. (Ahí, reconozco que lo dejé duro).
Esperá, no termino de comprender, (respira hondo y trata de juntar el ovillo de la conversación), vos me decís que hay algo que no conté, que te enteraste por otro lado y pensás que yo se lo confesé a otro pero te lo oculto a vos?
Más o menos por ahí anda la cosa... le digo como para embarrarle la cancha y de paso, enredarle más aún la charla.
Negro, me sorprende lo que me decís, porque lo que yo espero de vos, si hay un tema que querés hablar de mí o de algo que te contaron, es que me vengas de frente. Es lo mínimo... Claro, le digo poniendo tono firme de voz, eso mismo pienso yo...y abro el celular aunque no tenga nada que atender.
Ya está desconcertado, pensando y revolviendo pensamientos. Lo saqué del tema, y su confesión, que sé por donde viene, pasó a un segundo plano, y ya casi se olvida de por qué quería hablar conmigo. Machín tiene la desorientación en la cara.
Lo miro fijo, y le tiro: Vos sabés que podés contar conmigo para lo que quieras. Me incluyas o no en tus secretos, el Negro va a estar siempre. Recordalo. Ahora me tengo que ir, pero en cuanto me precises, avisá.
Machín, callado y desconcertado, me saluda con la cabeza.
Cuando me voy, le pregunto: No estarás cansándote de tu novia, no? Bueh, cualquier cosa, me llamás después, eh?.

Le hice un favor. Le saqué la mina de la cabeza por un rato. Aunque más no sea, esta noche va a pensar en otra cosa, y con suerte, se le termina de enfriar el tema de estar tan enganchado con ella. Al final, si los amigos no estamos para ayudar, para qué estamos?.

31 mayo 2007


Todos precisan algo en que creer. El costado más endeble de la mente requiere un norte que esté lejos. Que no sea fácil de alcanzar. Porque lo alcanzable, lo puede hacer el verdulero de la esquina. Y la necesidad de trascender, de saltar vallas, no roza ni de cerca lo cotidiano.

Los misterios que envuelven las distintas creencias, en vez de alejar, acercan. Casi como en otras cuestiones, digamos amorosas, la niebla de alrededor no espanta, sino que atrae.

Nunca se preguntaron por qué el cine repite hasta el hartazgo la escena de la chica inocente o el muchachito inexperto que remonta la colina donde está el castillo? Y el castillo que apenas se distingue dentro una nube negra y aves rapaces circundándolo...
Juraría que esas cosas tan ominosas las vemos nosotros solamente. Porque estamos afuera, porque apreciamos el gran cuadro completo. Y nos decimos entre nosotros, cómo no se dan cuenta?. Cómo puede ser que sigan, si arriba los espera todo eso?

Menos mal que no nos oyen. Al igual que en muchas oportunidades en las que uno desoyó el toque de atención, y puso primera a la cima de la montaña más fea, pasando por necio o sordo, nada más que para comprobar que, efectivamente, la princesa era el jorobado de notre dame.
Pero lo precisábamos saber. Teníamos que verlo. Y si era necesario, sufrirlo.

Para darle de comer al costado más débil del cerebro y más poderoso del corazón, nada mejor que no hacerle asco a ninguna montaña, no renunciar ni siquiera a una pendiente.
Porque para sentir, de tanto en tanto hay que bajar rodando, y no que nos bajen siempre en andas.

Un Acto Reflejo


Adonde se fueron flotando todo esos sueños que obnubilaban?

No hay una misión de rescate para encontrar todos los deseos que cayeron en el agujero negro de nuestra memoria?

De lo mejor que tuvimos, quedó la tapa. Y el tiempo que nos corrió, ahora arrincona un par de historias contra una pared.

De tanto en tanto, una explosión que llaman crisis, eclosiona y pasa de largo. Vuelta a vivir a pleno la anestesia que tan bien nos hace.

Probamos que era posible dormirnos en caída libre.

Militante del Amor (A esparcer la palabra...)

23 mayo 2007



Me estás difamando, me dice con cara de enojado.
Para nada, niego yo.
Si, y no sólo eso, me hacés quedar como un soberano estúpido, me replica.
Todo lo contrario, te estoy tratando de humanizar, comprendeme, le digo, tratando de frenar una probable discusión. Creo que se enteró que suelo hablar de él en otros lados...

Ahora que mi amigo ejerce su nuevo estado, el de enamorado, lo noto más que sensible, diría que está sudando hormonas de manera descontrolada. Incluso, y eso me hizo sonar la alarma, está estupidamente perceptivo para cuestiones que antes deliberadamente dejaba pasar.

Qué linda mañana, Negro. Viste el sol?.
Si, bolú, está igual que todos los días a esta hora...
Ya sé, dice, es una respuesta boba la tuya. No querés entender lo que te digo...
Pará Machín, tu versión "enamorado reciente" me desconcierta. Al contrario, no te desconcierta, me da la sensación que te da envidia...me dice poniendo su mejor cara de timba. Hace una pausa, y espera mi reacción.

Si me busca, me va a encontrar. Porque que se enamore, estaba en los cálculos, poco probable pero posible. Pero que se quiera convertir en un militante, en un predicador del estado de enamoramiento, me colma. Y que encima pretenda revelarme la palabra... No es la primera vez que conozco a alguien que, al enamorarse y conocer las bondades de ese estado, se ve obligado a salir como un testigo del amor, puerta por puerta, casa por casa. Qué les pasa? Si no sacan el tema ellos, que se ven compelidos a contarnos lo bien que les va, lo relacionan con cualquier cosa que nos suceda a nosotros y les estemos confiando. Y amañan, retuercen la charla hasta terminar hablando de lo que sabemos hasta el cansancio. Lo bien que se sienten. Lo bien que les va.
Pero hay un momento peor.

Después de quedarse callado unos segundos, Machín me mira a los ojos. Y como si preguntara con un lanzallamas en la mano, me desliza...Es que no me querés entender, vos estás negado a sentir. A ver hermano... cuánto hace que no sentís el cosquilleo en la panza, las manos un poco húmedas, el corazón que se quiere escapar y pelea con las palabras por un lugar en la garganta? Eh? Cómo? (lo único que se me ocurrió decir)
Vos me entendés... Si Machín, tan bien te entendí que prefiero seguir sin escucharte. De paso te comento, si por esas cosas te llegás a desencantar, o te sentís ahogado por la relación, no vengas a golpearme la puerta para contarme las bondades de la libertad y lo maravilloso de la soledad. Te conozco, le ponés tantas ganas a las cosas, que no me extrañaría.

Creo que se enojó un poco. Tal vez se me fue la mano, pero me da la sensación que con el tiempo me va a entender. Tal vez. Ojalá que no.