Papá Noel

20 diciembre 2006


Ayer por la noche, y sin que nadie se ponga colorado, un sitio de ventas por Internet promocionaba como oferta un disfraz de Papá Noel al módico precio de $79,99. Una vestimenta que, por sus características objetivas, tendría que haber estado de oferta de invierno, desde julio y junto a polares, bufandas y gorros de lana. Pero no. El sueño de la hibernación matizado con olor a naftalina, lo duermen las otras prendas. Esta no. El 90% de los papá noeles que vemos no han pagado para flagelarse dentro del disfraz, sino que por el contrario, cobran unos pocos pesos para darnos un volante en la calle bajo el encantador sol de nuestro clima sub-tropical, y en algunos privilegiados casos, bajo el clima cool de un shopping acceden a una foto con chicos ilusionados. Todo me hace acordar a un papá noel de hace años en nuestra ciudad. Ya era muy mayor cuando reparé en él. Jubilado, y con apariencia de largos 70 años, debajo de ese disfraz que haría deshidratar a un camello, había un viejito digno y coqueto que no tenía una cana en esa raleada cabeza. Lo veo todavía en Justa Lima, aunque hace más de 20 años que murió. Contratado por alguna zapatería, daba los volantes de mano en mano y acercaba caramelos a manos pequeñitas que creían verdaderamente en lo que veían, no como uno que ya no cree ni en lo que le duele. Era una imagen de esas, que de tan asimiladas, uno las descontaba. Era paisaje de navidad ese viejo, tan querible.
Una de las últimas veces que lo recuerdo, tenía su disfraz más relleno que otros años, y se le adivinaba flaco debajo de la barba que colgaba medio amarillenta. Era claro que no estaba contratado por nadie esas navidades, y dudo que algún comerciante hubiera puesto un peso por el personaje. Parado en la esquina de la plaza mitre que da al banco nación, ahí estaba solito. Haciendo el trabajo impago más digno que yo conozca.

MIércoles



Encontrar algo sin buscarlo, es lo más parecido a esas escenas de comedia, donde el protagonista tiene un vuelco espectacular en su suerte al heredar a un tío lejano que a duras penas recuerda.
La magia de los guionistas no opera en la vida real, pero la vida misma a veces tiene giros tan irónicos que asombra. No me refiero a encontrar las llaves de casa que perdimos hace diez días. Ni siquiera al DNI, que sin querer mandamos a hacer el tour "cesto de ropa sucia, breve visita al lavarropas y arribo a la soga de secado". No. Hablo de lo que, habiendo dado por perdido, nos sale al encuentro en medio del camino. Eso que provoca amarga resignación por no tenerse, y vuelve. Como buen aficionado al pensamiento, me provoca una duda. Qué se valora más, aquello que conseguimos luchando a brazo partido contra mil adversidades, o lo que reencontramos, luego de habernos rendido, habiéndolo llorado silenciosa y amargamente?. Estoy en la duda, pero la abandono rápido. No quiero que me empañe la alegría de haber encontrado el billete del gordo de navidad. No sé quién me escribió el libreto de hoy, ni siquiera tengo idea si hay una gran jurado evaluando mi actuación, pero no estaría mal hoy agarrar el mantel de la mesa, sacarlo de un tirón, y quedarme por un buen rato contemplando el papel que tiene mi nombre y que claramente dice "Hoy es su turno". Para qué arruinar todo poniéndome a pensar un por qué?.
Por un día, me acordé de levantarme con el pie derecho. Y eso es bueno. Será miércoles, estará horrendo, pero hoy me permito desconectar el antivirus. De vez en cuando, bajar la guardia, no implica que te rompan la trompa.

12 diciembre 2006


No tengo ganas de resignarme, pero con que gusto lo hago.
No tengo fe, pero con que estúpida candidez espero.
No siento porque respiro anestesia, pero cómo duele.
No encuentro lugar, pero cuánta tierra he pisado sin hacer un cimiento.

Cuánto deseo de ansiar, ansias de desear. De poner en on algo vivo y latente. De latir.
De ser el hombre bomba que lleva consigo el explosivo más potente en busca de la multitud obediente.

Me cansó la rutina de ser el mudo que no sabe señas, de hacer de oficial escribiente pulcro y prolijo que se lava las manos en espadol y se quema todas las noches el corazón a solas.

Todo cabe en un par de bolsillos. Al fin y cabo, no es tanto. No se mide en quilates, ni en pulgadas, ni en cm3. No mueve ninguna aguja. Absolutamente ninguna.

Por eso, apago la luz. Otra llave que tiro por encima del hombro.

Aviso!

11 diciembre 2006


Les aviso: ya es tarde. Matarse de hambre a esta altura con una dieta shock, o sólo tomar líquidos y esos manotazos de ahogado por el estilo, no redundarán en nada, por lo menos de aquí a enero, que es lo que le importa a la gran mayoría de los insatisfechos consigo mismo. Tal vez logren producir algún comentario tal como "Es cierto, che, te noto un poco más delgado", producto más de la compasión que de la realidad objetiva. Asumamos lo que somos, lo que hemos hecho durante todo el año, y ganémosle de mano a cualquier insinuación diciendo nosotros "Este año me dejo la panza", o bien, "Mirá lo que estoy criando del esternón para abajo". Gimnasio?, escuché bien?. No. No jodamos, eso es para mayo o junio, y para quienes ya vienen de antes. O existe un plan "terevientoen20díasymardelplatavaatener2julietasprandiesteaño"?. Estaremos más cerca de hacer un papelón histórico, sudando como un oso polar en Río de Janeiro, y eso no pasará desapercibido para quienes van al gimnasio históricamente y ven como en esta época se llena de gorditos ansiosos y disconformes. Creéme, te detestan y están esperando ver algo así para reírse a tus espaldas, se reirán de tu torpeza, tu discoordinación, e incluso, si se te escapa un rollito. Ahora bien, es tan difícil reconciliarse con el cómodo, el vago, el holgazán que llevamos dentro?. Esfuerzos sí, pero no inútiles. Y a no caer en las soluciones mágicas. O sos capaz de creer que cualquier producto que coma, beba o se unte Araceli González va a producir el mismo efecto en vos?. NO, terminantemente NO. Hay algo que anida en nosotros, tenemos un gen alojado que, ante cualquier sacrificio, conecta un parlante directo a la voz de la conciencia que te dice: Ma si!, dale!. Placer sin culpa, eso es lo que precisamos. Aceptarnos, asumirnos y ponernos orgullosos de nuestra condición. Y ya no hablo de un rollo o un flotador, ni de un pocito o una papada más grande... Igualmente, creo que aquí nunca confesé como me gustan las chicas con pancita... si, coloradas, si....

Mingitorios

07 diciembre 2006


Cómo se hace?, eh?. Se consigue algún plano en los kioscos de revistas?, hay una guía "paso a paso" en Internet?. Tal vez den cursos en un instituto, o en una sociedad de fomento..., ya sé, lo busco en Google?. Basta, basta, por dios!.
Le perdí la cuenta a tantas preguntas, por eso, opté por escapar hacia el baño. Me levanté y puse proa hacia el cartel de "Hombres". Como una pesadilla recurrente, el tipo me siguió hasta el baño y persistía en sus interrogantes, para taladrarme el cerebro con su historia trillada de -laquieroperonolapuedoolvidar-.
Es un lugar común el charlar esas y otras cosas relacionadas con mujeres, en los baños de bares. Si uno lo piensa fríamente, resulta grotesca una charla de hombres de mingitorio a mingitorio. Uno que habla, otro que escucha, y los dos mirando la pared, las bolitas de naftalina, observando de refilón a quienes entran, todo mientras se alude a una mujer, que difícilmente nos tome en serio si pudiera asomarse a semejante cuadro. Por suerte para todos, eso les está vedado en la mayoría de los lugares, y el día que una mujer entra al baño mientras el hombre hace uso de las instalaciones, ése es el día donde cayó el último bastión de su intimidad. Pero ese es otro tema.
Volviendo al amigo que penaba, prosiguió largo rato explicando la imposibilidad de olvidarla. Hasta que otro amigo se acercó y le dijo: Yo te advertí como era la mina, pero vos no quisiste escuchar... y no me digas que no te acordás, porque sino, me das la razón en otra cosa, nunca escuchás a tus amigos. Silencio, incómodo pero aliviador silencio. El que no olvidaba se fue del baño, y nos dejó callados. Al rato, el otro me dice: Nunca le dije nada, pero como lo callé, eh?.
Siempre será mejor un amigo que se harta de escuchar, que otro que hace que te escucha. Para mí, un campari con tónica.

Hielo

06 diciembre 2006


Sólo es un instante. Pero será eterno. El aire se hace hielo para dejar atrapadas todas las muecas, todos los gestos, una sonrisa. Para perpetuar un estado, y jugarle en contra a ese reloj que no podemos torcer. Lentamente, lejos de la percepción, avanza ese frío que todo lo convierte en olvido, y nos arrebata de virtudes, horrores, pasiones. Ya nada es, sino hielo, y el que invoca o el que sufre, son frío por igual. Ni una razón acude para alumbrar, no hay argumentos, sólo la procesión blanca que todo masifica. Los indefensos y resignados miran sin oponerse y la brisa más gélida pone un manto sobre el pasado. Nada asoma. Nada rompe la perfección. Cuerpos, voces, miradas, frases, melodías, todo sepultado bajo la capa más gruesa de escarcha. La más duradera que mi voluntad pueda.

Quiero

04 diciembre 2006


Yo quiero. Si, yo quiero. Me explican que no se puede. Igual quiero. Me dicen que no es el momento adecuado. Persisto en querer. Me argumentan que hay situaciones que hacen que, por el momento, sea imposible. Persevero en querer. Yo quiero. Qué?, suena a carpicho?. Se parece al berrinche de un nene?. Yo quiero, quiero y quiero. O sólo a un chico se le contempla y consiente la terquedad?. Qué tengo que esperar?, que se armen mil blogs en la red apoyando mi querer?, que Castells se solidarice y corte un par de calles en mi apoyo?. Sigo queriendo, y si suena a capricho, lo lamento por el oído ajeno. Tal vez Fidel postée un mensaje suyo en video en YouTube, acompañando mi causa, y Chávez hable durante cinco horas, diciendo que lo que yo quiero está bien, es justo y bolivarianamente correcto. Porque no se trata de dinero, ni de poder, y menos aún de fama. Pero la marea sube, la temperatura levanta y lo que quiero, lo quiero cada vez más. Amerita tirar una estantería, revolear unos platos, incluso creo que se impone romper un par de ventanas. Porque si uno quiere, es preciso que se enteren, no?.

Magia (Hechicería Barata)

03 diciembre 2006


Hay días en que la voluntad hace huelga en uno. Y todos los caminos que, mentalmente, uno emprende para poner en marcha algún acontecimiento, ya sean significativos o intrascendentes, se hallan cortados por las debilidades y flaquezas que afloran y toman posesión.
Hoy pretendo que una vieja foto tome vida. Que una canción recupere el sentido que alguna vez tuvo y deje de ser dolor. Quiero que un rayo ilumine la noche, y que el fondo sea superficie. Todo lo quiero, y sin hacer nada. No puedo decir "deseo", porque no me ayuda la voluntad. Debería decir "me gustaría", y sería más preciso. Deseo menos voluntad, da como resultado una intención menguada, anémica. Es la intención de tener, de disfrutar algo sin esfuerzo. Y esperar que opere la magia, que uno sea el feliz ganador de una lotería cuando no compra el billete.
Cerrar los ojos no apaga el sol. Ni siquiera lo oculta por un instante, sin embargo, me embarco en el deseo somnoliento de querer sin pelear. Por hoy. Hasta que pase la marea de fiaca que tapa la playa y me hace creer (porque quiero) que todo va a fluir hacia donde quiero. Es el lunes de mi ánimo, por eso lo dejo pasar. Ya va a pasar.

Desde Arriba

01 diciembre 2006


No sé si uno es iluso por naturaleza, o lo hace para pasarla mejor, cuando ya recibiste una buena dosis de palizas en forma de experiencia. Lo cierto es que la palabra "iluso" tiene su raíz en ilusión, y cuan diferente es creer a "dibujarse" un sueño. Amoldar un sueño a las posibilidades propias de concretarlo, sin esfuerzo, sin dolor y con una intervención mágica, digamos, que resuelva por nosotros lo que no podemos desatar en la realidad, no es soñar, es lisa y llanamente mentirse.
Cuánto se desea algo, verdaderamente, si no se es capaz de quebrarse una uña, al menos, en el intento?. Cuánto se aprecia un logro si no se derramó una lágrima, sino se vació el pecho o no se nos anudó el estómago en algún tramo del camino?. Si subimos una montaña por la aerosilla, tendremos alguna que otra bonita foto, y será un recuerdo amable de viaje, que quedará al tiempo arrumbado en un álbum, en alguna vieja caja de zapatos. Distinto será el sentimiento de quien escaló la montaña. Podrá alguien decir que escalar una montaña es subir una pendiente prolongada. Si, es un plano inclinado, al fin y al cabo. Me importa un catzo. Es el valor de lo que me costó, el empeño que le puse, el dolor que me desgarró y el placer que me gané. Montañas para escalar hay miles a la vuelta de la esquina. Están las que desafían, las que uno ignora porque no las siente a su altura, y las que uno fija como meta luego de haber podido treparse a otras cimas. Pero para cada montañista, está su desafío. Para cada uno hay un sueño y cada quien elige, trepar o aerosilla. Soñador o iluso.

Rehabilitación

28 noviembre 2006


Luego de atravesar la espesa noche de un abandono (matizado a veces con un choque frontal contra la realidad, que se pretende ignorar), un hombre debe dejarse llevar por la marea amistosa de sus compinches que le reclaman la vuelta a la vida. En los hechos, volver a vivir implica, que el amigo salga de juerga, tragos, algunos excesos simpáticos, e interactuar con alguna mujer. Porque la mente colectiva masculina entiende esto como un proceso de rehabilitación obligado luego de un desengaño. Personalmente ignoro como será la vuelta a la soltería de una mujer y que consejos le dan las amigas a la doliente, pero para el hombre en pena, se arma una especie de red de solidaridad compuesta por sus amigos más cercanos que, de alguna manera hace de guardería andante del que sufre. Tal vez alguna mujer se esté preguntando al oir esto, habrá algún componente terapéutico en esto?, algún rasgo de psicología casero?. No, para nada. El hombre, en estos y en miles de casos más, actúa bajo el más primitivo instinto. No podría explicar si es camaradería o la plena certeza de saber que puede ocurrirle a él pasar por situación similar, y de esta manera, generar el lazo que asegure que lo cuidarán si sufre este dolor. La cuestión es que este verdadero proceso de reinserción a la vida tiene algunos pasos y todos deben cumplirse para lograr el objetivo. El primer momento es dramático, la noticia, el cambio brusco de estado y de costumbres, requiere de la presencia masculina que aleje del amigo pensamientos estúpidos, tales como "y si la llamo?", o "voy a ver si la encuentro, para ver que está haciendo". Cuando se acerca el primer fin de semana en soledad, nuevamente debe afianzarse el vínculo con los amigos. Está claro que no todos son solteros, por eso, es de evitar la efusividad en las parejas mientras esté presente el nuevo solitario, que puede estallar en llantos al ver como un amigo y su pareja se muestran cariño frente a él. Otro detalle importante durante ese primer fin de semana solo, es que los amigos armen un itinerario totalmente distinto al que usualmente hacía el damnificado con su ex, y por supuesto, huir de cualquier cercanía con la causante de tanto dolor. Podría provocar una recaída que nuestro amigo en desgracia, sumido en el vapor del alcohol, se encuentre con su ex y pretenda rediscutir lo que a todas luces se terminó. Con el tiempo, como toda herida, se curará. Sola, o con asistencia, se cerrará y luego será cosa del pasado. La ayuda de los amigos habrá hecho efecto y paulatinamente todo volverá a los carriles normales. Pero, a pesar de la experiencia colectiva intensa, es muy probable que nadie mencione más el episodio. Tal vez se recuerde parcialmente alguna anécdota relacionada con el tema, pero nunca la raíz de la razón. Y esto, no es para sorprenderse, se debe al simple hecho que esta debilidad, no está entre las que puede admitir un hombre. De hecho, a mi nunca me pasó.

Aterrizaje Forzoso (mas no imprevisto...)

22 noviembre 2006


Ayer surcaba los aires mirando al mundo desde la estratósfera, pensando en lo eterno de su bienestar. Todas las cosas se ven pequeñas desde la altura del autoconvencimiento. Pero, (siempre un pero), a toda máquina que se desplace le hace falta combustible, y, creánme, aún no hay combustibles eternos. Por eso, cuando uno siente que algo falla, que el vuelo comienza a sozobrar, a tornarse inestable, lo mejor es pedir pista. O hay aviones que se arreglen en medio de un vuelo?. Por eso, estirar el vuelo para ver si se arregla el motor no es aconsejable... Igual, será por eso que la vida está llena de cráteres que dejan los que no supieron usar el paracaídas.

Confundido, atontado y lloroso, está mi amigo que se repite para sí: -Qué pasó?, qué nos pasó?.
Y nosotros, sus amigos, como un coro griego, le contestamos: -Lo que te avisamos que iba a pasar!, y él insiste: -Pero ella era todo lo que yo quería..., y nosotros, como en un musical de Hollywood, decimos: -Hay miles mejores allá afuera!; pero el tipo se empecina y solloza: Y ahora qué hago?, y nosotros como un coro angelical, repetimos: -Salimos, para que te despejes y olvides!.

Listo. Una vez más rescatamos a un amigo de las llamas de un accidente aéreo, de un desengaño, de esos que siempre estan a la vuelta de una esquina, esperando a que pase la primer pareja aparentemente feliz para echársele encima. Eso es lo malo de vivir perdido y la única manera de encontrarse es en una mujer.
Salud a los perdidos.

Atravesando el Aire

21 noviembre 2006


Qué estado maravilloso!, qué envidiable para los que no saben como es!. Es hermoso cuando comprás algo y estás enteramente satisfecho, sin preocuparte porque no te dieron la factura, o el plástico del envoltorio, que está rajado. Es fantástico cuando escuchás lo que querés oír, que todo lo que sale de esa boca sean caricias para tus oídos, como vivir con la canción que te gusta repitiéndose perpetuamente en tu reproductor. Y mientras flotás en tu nube particular, no importan esas bocas y rostros que gesticulan mudos a tus costados, ni los nubarrones oscuros que se plantan frente a vos, y menos aún, el viento que se empeña en arrancarte la cara. Es que no hay nada ni nadie que frene tu empeño en creer que le podés sacarle aceite a las piedras, o que podés hacer volar a las palomas muertas. Hay alguien que tenga el derecho a contradecirte o a amargarte la miel?.
Cuando uno sale a volar, arma su propia hoja de vuelo. Y los papeles, que se quemen solos.
Siempre habrá un alma caritativa esperándote abajo, con el colchón que amortigüe tanto sueño.

El Hombre Récord


El lugar estaba decadentemente bien decorado. Hacía juego con lo que uno espera de esos lugares.
Sórdido, con caras raras que no desafinan (porque supongo que para estar ahí se necesitan), y el olor a hombre en celo exacerbado, mezclado con desodorante de ambiente. La luz, lo suficientemente escasa como para que las anfitrionas lucieran seductoras, (un término muy arriesgado y poco justiciero), y la música era una letanía de cumbia, solo reconocible para el que la conocía de antemano. Un par de amigos se dedicaron a la tarea de charlar con las mujeres, mientras que el invitado, el que a todas luces precisaba la visita al establecimiento, comenzó su faena.
Desde esa noche, nunca se me borraron los detalles, por mas mínimos que hayan resultado. No sé si por la sospresa o la curiosidad. La cuestión es que pasamos horas bebiendo, opinando acerca de las mujeres y aconsejando a nuestro amigo con cual debía intimar en la próxima vuelta. Tuvimos tiempo de darle salida al redentor que llevamos dentro, ese que muy inocentemente, cree que puede redimir por amor a una mujer que trabaja en algún lugar de la noche. Ninguna se mostró permeable a la redención, y mucho menos al amor, en esa jornada.
Sin darnos cuenta, comenzó a colarse el día por las ventanas. Lo sugerente se tornó grotesco, y lo que a simple vista ya era grotesco en la oscuridad, de día se nos hizo patético. Nuestro amigo, exhausto, había visitado a todas las chicas del local, un verdadero récord. Como final de la noche, nos dirijimos a pagar las bebidas. El hombre que nos cobraba era un morocho flaco, poco expresivo y serio, como se supone debe ser alguien en ese oficio. Nos cobró en silencio y sin demoras. Cuando le tocó pagar a nuestro hombre récord de la noche, el morocho se plantó y le dijo: -No me mirés así, yo trabajo en la barra, y nada más... Se ve que el hombre era conocedor de miradas, de esas que uno a veces no percibe, incluso conociendo mucho a alguien.

Luz

19 noviembre 2006


Cada día que se le ahoga en el almanaque, se pregunta lo mismo, cuántas cosas más van a pasar por estas manos, que se van a estrellar contra el suelo?. Yo no fui, dice, entre resignado y malancólico. Pero siempre tiene el revólver caliente sujeto por la culata. La culpa no le es extraña, por eso se empecina en que no se le escapen los últimos tesoros que quiere guardar intactos.
Tira arriba de la mesa una parva de papeles, la mayoría arrugados, otros hechos bollos, y los menos, doblados en cuatro. Cada retazo, un recuerdo anotado. Los despliega y los lee para sí. Luego me dice: -Éste. Éste es el que quiero que me guardes, sospecho que soy el único que lo recuerda, y por eso me da miedo que se me pierda. Y comienza.
-Fue un día de invierno. Pero no como esos vulgares días de invierno que conocemos. Fue un raro y soleado día de invierno. El más apacible. Fue el día, que de haber pretendido tapar el sol, hubiera cometido mi peor crimen. Sigo sin saber si las emociones profundas dejan otras señales que no sean las que se adormecen en la mente. Pero a veces, juraría que oigo el retumbar ahogado de ese corazón, en este inmenso espacio. Y sin esfuerzo, siento aquella voz susurrada y el silencio que sucede cuando no hay necesidad de palabras, cuando las preguntas sea caen, porque una respiración profunda las vuela donde no molesten. Y el sol. Ahí, tan presente, en mí, en ella. Cómo podría guardar yo sólo toda la luz de ese día?, me entendés?. Me guardo para mí su rostro, la sonrisa plena y franca, pero ayudame con eso. Acordate que nunca hubo un día tan brillante como ese. Creo que fue en julio, y yo estaba feliz.
Le juro que le voy a guardar el recuerdo como si fuera mío, y me vengo para acá. Y el sol sigue ahí, inmutable.

Azul(es)

16 noviembre 2006


Subo montañas. Me canso hasta la extenuación. Atravieso mil pueblos, de los que me llevo todo lo que puede esta memoria. Devoro rutas, ríos. Me hundo en arenas. Desarmo relojes, quemo almanaques, soborno al tiempo. Araño el cielo y vuelvo. Sé que me espera un calabozo de llamas al final, pero aún falta. Me ahogo en oscuridad y retorno en luz. Un fondo de mar llama con himno de silencio. La calma invade, inunda y se esparce. El telón de la perpetuidad tiene esos ojos. Azules.

14 noviembre 2006



Qué hago tirado aquí, nuevamente, buscando el control?. Nada que hacer, nada especial que sentir, poco en la heladera, poco en la bolsa de esperanzas. La tele me llama bajito, imperceptible, casi inaudible. Aprieto suave el botón rojo. Aparezco en Egipto. Un click más. Transpiro en una clase de gimnasia que promueve no sé que método que me deja duro, sexy, bien conmigo mismo, y tengo que tirar toda mi ropa vieja, porque no me hará falta. Subo más aún, y la marea de noticieros e idiomas extranjeros me hace preguntar, esto es todo?. No. Vuelvo a cero. Inicio de zapping segunda ronda, la revancha. Comidas, platos cuadrados, chefs, cocineros de utilería, hierbas aromáticas, especias exóticas, y click!, cestos de mimbre para el baño, remachadoras y bricolage para todos. Me voy. Salto los canales de aire, atravieso la tentación. Pelotas rodando, volando, gente corriendo, pegándose. Más allá, dibujos, dibujitos de todo tipo, y sigo, sigo, no paro. Pelis, pelis viejas, pelis viejísimas, la vi, la vi, la vi, ...a ver? no la vi?...si, la vi. Documentales serios de ceño fruncido. La vida en el fondo de un pantano del sudeste asiático, la reproducción del cascarudo tuerto, y la historia del creador de la rueda de atrás de la bicicleta. Música, los diez más pedidos, los diez recomendados y nunca los diez más detestados. No!, me parece que... peligrosamente me acerco al final.
Ya es tarde, demasiado tarde. Una vez más llené el hueco. No pensar, ver sin ver, sin interés y con anestesia para que pase el tiempo. Para que se devore esto, antes que me devore a mí. Por eso, amo la TV.

Hubo Una Vez

13 noviembre 2006

Hubo una vez un momento en que el agua calmaba esa sed y apagaba este fuego. Hubo una vez en que cubría las arenas, caía suave sobre nosotros, y mojaba tu infierno, tan ávido de calma.
Hubo un tiempo donde la espera era eterna, el momento, efímero, y la ausencia, el dolor más temido.

Hubo una vez un momento para siempre. Pensado para ser siempre, ansiado como nunca jamás otros podrán hacerlo.

Hubo un tiempo donde dos quisieron torcer el reloj.

Minucioso castillo de arena. Sólo bastó la espuma de la ola para que hoy digamos "Hubo una vez".

Ahí Viene

09 noviembre 2006


Fue larga la espera. Fue vasta la incertidumbre. Atravesando todo. Sin eludir, sin huir. Dientes apretados, cabeza gacha, y dejando jirones de esperanza a los perros, hilachas de sueños que no se recuerdan. La noche devoró todo y parió angustia, zozobra. Sólo plantó ansiedad para esperar el día, para rogar por el amanecer. No sé si sospecho o deseo, pero... es luz.
Es luz. Ahí viene el sol.

Paredes bajo Aerosol

08 noviembre 2006


Siempre me asombro cuando encuentro alguna pintada en las paredes de la ciudad. Me sorprenden las que tienen un contenido fuerte, no cualquiera. Me refiero concretamente a las que expresan un sentimiento intenso, que pueden ir del amor al odio, del fervor militante a la bronca de una denuncia. Pero la particularidad de la pintada, es que está llamada a perdurar, y en muchos casos, más allá de lo que lo haría en un papel, con lo que remarca aún más el significado, hasta convertirse en el signo de un tiempo. Hace muchos años, yo era niño, enfrente de mi casa pintaron acerca de la masacre de Trelew, que ocurrió un 22 de agosto de 1972. El fusilamiento clandestino de presos políticos por parte de la Armada, durante la dictadura de Lanusse. Perduró hasta los 90' ese pedido de memoria, y nosotros, que vivíamos por ahí, pasamos por todos los momentos que pudo pasar un ser humano que vivió en la Argentina de los últimos años. Dictadura, democracia, más dictadura, retorno a la democracia, impunidad, juicio, castigo, indultos, juicios y sabe dios cuantas cosas más. Pero la pared, esa pared, seguía inalterable, gritando lo mismo, solo cediendo en el color que le robó el tiempo. Mensajes más livianos me llaman la atención. Ayer, caminando me encontré con una pintada en aerosol que decía "giselle cornuda". Pobre Giselle si se enteró de ese modo. Pobre si lo sabía y lo quería ocultar. Lo peor no sería eso, sino el sostenimiento en el tiempo de ese estado de "cornudez", por una pintada que nadie borra y el tiempo tardará en llevarse. Otra que lleva años pintada en una ochava de Zárate es "Gonza, si te gustan las mujeres, aquí estoy". En tan pocas palabras, agresión, pasión y afirmación de sentimiento. Un verdadero resumen pasional, que seguro el viento del tiempo arrastró a lugares lejanos. Quizás las realidades de aquellos dos protagonistas hoy pase por lugares sumamente lejanos, tal vez no se hayan visto nunca más, y es probable que no lo hagan jamás, sin embargo, una pared inmortalizó un momento. La aparente indiferencia de él, la arriesgada pasión y el ofrecimiento de ella. Todo, en una pared de una ciudad.


No sé si es orgullo enfermizo, o el calculado descontrol de un sentido. Pero no lo puedo creer. Si aceptara lo que me piden, al único que podría culpar es a mí mismo. Oigo todas las palabras que quiero oir, y sin embargo, no caigo rendido. Es que me abandonan los sentimientos, y mi voluntad no es afecto, es fuerza, pero no deseo. Es tarde. Que nos tape el agua, o nos deje ceniza el fuego. Pero ya es tarde. Tan tarde para culpar, demasiado tarde como para borrar las marcas.